martes, 31 de enero de 2017

Me encanta ser una niñata. Jugar a tensar la cuerda, a estirar la soga, llevarla al extremo y tentar(te) a la suerte, a la tontería hecha liana y soltar. Soltar(te) amarras y ver que pasa, deleitarme en la cellisca que provoca. 

Aunque el viento me pone nostálgica. El viento.
Ni la lluvia ni los días nublados.
La galerna me trae tinieblas, paisajes sombreados de lo que fue, de lo que no pudo ser. 

Este céfiro me trae tus susurros, tu risa hecha murmullo.

Me valía la pena pero prefiero que me valga el jubilo de los días de otoño. Que me valga las lluvias de verano y los destellos de sol los fríos días de este mi invierno eterno.

Siento decirte que te han malgastado mis pensamientos, te han puesto en modo repetición y me he pausado. Y ahora eres esa melodía que tanto detesto.
Te he mirado con ojos de amor, por cierto, y te he deleitado en tus manías y poesías. 

Empiezas y acabas en mis costuras, hilo, aguja, sutura en punto de ojal. Y no hay drama.
Clara, directa, concisa, como una daga al corazón.
Soy una niñata, y me encanta.

Replay y a lo mismo.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Dices que soy tu “alma gemela”. 
Que te encanta verme las costuras, que no habías encontrado antes a nadie con esas suturas tan como las mías. 
Que te aferras a mi perfume, que me lo robas, que me atracas la tristeza si hace falta. Eso dices. 
Que adoras mi tripa, que no dejarías que me fuera, que encajamos perfectos justo como cuando nuestras manos se entrelazan. 
Apolíneo.

Y yo casi me lo creo.

Que en mi hoyuelo quieres vivir, que morderme los sentimientos te gusta tanto como a mi el hielo y que honras cada uno de mis suspiros entre las sabanas. “Tus curvas, mi trampa” y yo, me lo creo. 
Que mis ojos te dicen todo cuando te miro y que todo cuanto temes es perderme y que salga de tu vida, que te encanto. 
Que me quieres. 
Que “que rico mi pelo”, que te enredas en mis rizos. Eso dices.

Y yo te digo que no, que te calles, que no sigas. 

No veneres mi existencia, no idolatres a esta hecatombe. Que me lo creo.
Ventura la mía por coincidir contigo y haber probado tu sinhueso pero que se que no, que ni mis brazos son tu abrigo ni mi pecho tu refugio. 
Que no te vas a quedar conmigo. Que no es a mi a quien prefieres.
Que me he aprendido en braille tus labios, tu respiración, tus huellas de los dedos por mi espalda porque se que no me voy a quedar, que no vas a optar por mi. 
Que no es a mi a quien quieres. 

Dices que jamás, que siempre que todo.

Digo que siempre, que nunca que nada.

sábado, 1 de octubre de 2016

“Es mucha mujer para mi.” 

Y se quedó en eso, en un casi principio con prematuro final catastrófico, infausto, desastroso, aciago; contentas las perdices de que no nos las comiésemos. Contento el resto de que la tragedia fuese real.

No me enamoré, por supuesto.

Ni si quiera cogimos aire para la carrerilla que ni yo, ni nadie se esperaba que tendríamos que hacer. Los 300 metros lisos sin descanso para una bocanada de oxigeno, ¿para llegar a donde? El desenlace de ningún comienzo, la apacible apatía de dos conocidos que no se conocen ya, que se miran de cerca y se llaman en silencio, que se temen próximos, que se refugian los miedos en los ojos del otro en la lejanía. Pero ya, ya nada tienen, ya no se tienen de ningún modo.

Mi vórtice no es fácil de controlar pero aquí estoy, ni yo me reconozco, tranquila, serena, sosegada, mansa. Sabía cual seria mi realidad. Sabía que lo bonito no estaba hecho para los despojos de mi alma. Sabía que los destellos de luz clara estarían en primera linea de meta, 300.000 kilómetros por segundos por delante; yo, Lobreguez, que voy a hacer ante eso. 

No, no es mucha mujer para ti, es la dosis exacta, la jeringa calibrada a tu medida. Pero, pero pero, hay peros de por medio.

No te enamoraste, por supuesto.

Estuvimos a kilometro 0, esperando avanzar, esperando algo y nada, teniendonos. El problema fue que yo insistía en apretar el acelerador hacia delante cuando tu lo hacías marcha atrás. Y ahí nos quedamos, o más bien, me quedé, estancada. Yo me canse del pedal y tu seguiste tu marcha atrás.

Ahora ya, nada. 
Ahora yo, nada. 


Ahora tu, ella.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Acabo de darme cuenta de que ya no rondas por mis pensamientos. No se cómo, ni cuándo has dejado de ser el sonido chirriante en mi mente, ese que molesta al principio pero que después te acostumbras, soportable, hasta te parece agradable. Pero ya no está ni estás, ni tizas sobre pizarra, ni muelles de colchones viejos.

Sin ton ni son has dejado de revolotear por mis entrañas y qué gusto es darse cuenta de que vuelves a ser libre, que no dependes sentimentalmente del cariño de nadie, que ni se muere por amor, ni se vive en desgracia eternamente.

Te has largado, por segunda vez; y esta vez hasta me río de tu huida.



-¿Por qué decides terminarnos? ¿Acaso no te han bastado todos los besos? 

Ya sé que tienes miedo,
Es normal
O no
Ya sé que te abruma tanta atención.
Sé que quieres pero no quieres porque quieres sin querer y casi ni sabes lo que quieres porque te pierdes sin razón.
Y qué pasa si te quieren y tú sientes que prefieres que no quieran.
Y casi llegas a todo sin pensarlo y tentando a la dicha has rozado mis espinas y cómo es eso que el charco encarnado lleva mi nombre. 
Explícamelo.


"Dos personas olvidándose solo están queriéndose de otra manera. El olvido llega con la soledad, cuando uno es solo uno y no hay hueco para otro."

viernes, 2 de septiembre de 2016

Vuelve a llegar la hora..
y que amargura; nudo de desazón en la garganta y casi con el alma derretida entre los párpados.
Vuelven las despedidas y yo como gota de agua en el desierto, sin querer evaporarme. Casi quiero hasta patalear.

Se que soy ácida hasta doler, rodaja de lima en labios agrietados. Agua de mar en las pestañas.
La misma en pretérito pluscuamperfecto y ni rabiando cambio y mira que es gerundio.

Fidedigna si quiero, y puedo, y me dejan. Nada de medias tonalidades mas que en el crepúsculo. 
Soy lo que nadie espera encontrar. Lo bonito de los amaneceres y la tristeza de los atardeceres de domingo. Casi me he estancado en esos puntos del día últimamente 

Pero nada de eso me quita esta congoja de las manos.
Un remedio de esos caseros marchando por favor.

Vuelve mi auto-catarsis, no me calma el psique.


Vuelvo de nuevo a mi vórtice.

martes, 30 de agosto de 2016

Cafeína Sentimental

¿Hola? Cafeína Sentimental



Odio tener que volver. Es como caer de nuevo en un agujero lleno de desidia sin fuerzas ni ganas de
volver a escalar hacia 'la luz'.

Mi historia es bastante triste, bastante 'Allen'... Veréis, es que me enamoré, me desenamoré, me volví a enamorar, lo dejé todo y ahora no sé qué hacer ni dónde meter la cabeza; ahora es cuando tengo miedo y no quiero volver a escalar y llenarme las uñas con el barro de las paredes.

Me he quedado como dos horas mirándome al espejo antes de sentarme a 'volver'. En estos casi cuatro años he crecido varias hostias a nivel emocional—a ver si me entendéis: me sigue haciendo falta un psicólogo cada X tiempo y la ansiedad está en su punto más tierno y voraz, pero he aprendido
a usar el alcohol y he descubierto que los lorazepames son unos amigos a los que les gusta escuchar y te dan consejos que sí aplicarían a su propia vida—, físicamente, ¡Qué os voy a contar! Me he convertido en una mujer bastante atractiva, con un poco de celulitis pero bah, en resumidas cuentas tengo un cuerpo que no merece el monstruo que vive en él. La hija de la bella y la bestia, vamos. Lo mejorcito de cada casa...

A lo importante: ¿Qué es importante? Cuando era pequeña mis padres me decían que lo importante es la familia, hacerse mayor, aprender a pagar facturas y formar tu propia familia. Dentro de ese orden—que he tenido como religión hasta hace poco—la vida me ha hecho dar vueltas de campana hasta llegar a la verdad: bendito bautizo de idiotas.

En primer lugar, lo de la importancia familiar se me fue al garete porque en cuanto me largué de casa mi padre decidió irse también y el concepto de 'cuidar' se transformó lentamente en 'mandar a la mierda todo lo que molesta'. Digamos que no sé a qué se referían. Joder, lo siento. Va a sonar fatal pero es que a mí nunca me han cuidado; he pasado mi infancia entre casas y otras casas de abuelas, conocidos, amigos..., parte de la adolescencia tirada en los bordillos de mi barrio y la otra parte encerrada en mi habitación drogada de medicación hasta las cejas. Ahora vivo con un escritor tan maravilloso como obsesionado con el pasado y durante estos tres años que llevo fuera de casa mi madre no me ha llamado ni una sola vez, mi padre dos y para pedirme dinero y así está el patio. La familia es lo primero. En desaparecer cuando la vida se complica.

Lo de hacerse mayor, ya véis... Lo he llevado bien. Creo. Me he gastado lo poco que tenía en estudiar, lo cual no me ha servido para nada y, además, trabajo en algo que odio. Vamos, creo que soy un adulto en todo su esplendor de decepciones: hacienda me ha robado, me han engañado y decepcionado, han surgido mis traumas de la infancia, me medico, follo de vez en cuando, soy una artista frustrada como un jarrón que se creía jardín hasta que vio que las flores comenzaron a pudrirse en su agua... El ser feliz no existe. Ni como verbo ni como individuo. Todo son anuncios de TV para vendernos una moto que pronto nos obligarán a volver a comprar, más cara y con intereses.

En el tercer puesto: las facturas. Tooodas pagaditas. En unos días, por cierto, me toca ingresarle el alquiler a la casera, la cual se está pagando la hipoteca de su tercera o cuarta casa con el sudor de mi frente. Y estoy segura que no me devolverá la fianza porque su casa, en la que vivo, se cae a trozos. ¡Reto superado! Hasta aquí todo bien, ya véis. Si es que si no fuera por estas mierdas que tengo en la cabeza sería un paisano-vegetal correcto, con sus cosillas, pero correcto... Ay, el arte nos destruye...

Por último, que no menos importante, estaba lo de 'formar mi propia familia'. Si os digo la verdad, desde muy temprana edad, de todas esas cosas de la lista, ésta era la que más ilusión me hacía. Ya sabéis: tener un hogar, un hombre que me ame incondicionalmente, un perro, mi gato, hijos...

JAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAAJJAJAJAJA. 

Antes de emanciparme me enteré de que no podía ser madre. En ese momento fui condenada a oír incontables veces eso de '¡Bah! Cuántas veces se equivocan los médicos...', '¡Por favor! ¡Con lo joven que eres!', 'Es todo psicológico.', '¡Mejor para ti, oye, no sabes lo que te ahorras!'... A todas esas personas que me dieron estos 'ánimos': que os den por el orto y que os duela tanto como a mí el alma el día que me dieron la noticia. Los médicos se equivocan, claro que sí, son humanos, pero el cuerpo no. La naturaleza es un reloj de arena que conoce con nombre y apellido cada uno de los granos que caen por segundo.

En mí no hay vida. Y después de maldecirme mucho he llegado a la conclusión de que es mejor así. ¿Qué de bueno puedo ofrecerle yo a un pequeño humano? ¿Qué puede salir de mí? Pues eso, nada bueno. Como bien decía mi madre: soy un ser asquerosamente egoísta y de corazón os digo que toda esta montaña de mierda que tengo en mi cabeza es TODA MÍA y no pienso darla como herencia a ningún pequeño e inocente ser que salga de mi vagina. Pobrecico, él/ella no tendría la culpa de nada.

En fin, amigos, la vida no es fácil. Nada fácil. Por eso vuelvo a lo único que me salvaba de volverme loca o acabar con todo de una vez. Las palabras son más sanas que las cuchillas, creedme, he probado las dos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

AZUL NO

Ella me llamó desde lejos,
"nunca podía discutir contigo",
me dijo,
"siempre te ibas.
mi esposo no es así,
se me pega como cola-loca.
y me golpea".
"nunca creí en las discusiones",
dije, "no hay nada que discutir".
"estás equivocado", dijo ella, "deberías
tratar de comunicarte".
"comunicar es una palabra abusada, como
amor", le dije.
"¿pero no creés que dos personas pueden
amar?", preguntó.
"no si tratan de comunicarse",
le contesté.
"estás hablando como un cabrón",
dijo ella.
"estamos discutiendo",
dije.
"no", dijo ella, "estamos tratando de
comunicarnos".
"me tengo que ir", dije.
colgué y descolgué el teléfono.
me quedé mirándolo.
lo que ellas no entendían era que
a veces no hay nada que salvar
excepto la reivindicación personal del
propio punto de vista
y que eso era lo que iba a causar
ese flash blanco y cegador
uno de estos días.
Charles Bukowski.