Dices que soy tu “alma gemela”.
Que te aferras a mi perfume, que me lo robas, que me atracas la tristeza si hace falta. Eso dices.
Que adoras mi tripa, que no dejarías que me fuera, que encajamos perfectos justo como cuando nuestras manos se entrelazan.
Apolíneo.
Y yo casi me lo creo.
Que en mi hoyuelo quieres vivir, que morderme los sentimientos te gusta tanto como a mi el hielo y que honras cada uno de mis suspiros entre las sabanas. “Tus curvas, mi trampa” y yo, me lo creo.
Que mis ojos te dicen todo cuando te miro y que todo cuanto temes es perderme y que salga de tu vida, que te encanto.
Que me quieres.
Que “que rico mi pelo”, que te enredas en mis rizos. Eso dices.
Y yo te digo que no, que te calles, que no sigas.
No veneres mi existencia, no idolatres a esta hecatombe. Que me lo creo.
Ventura la mía por coincidir contigo y haber probado tu sinhueso pero que se que no, que ni mis brazos son tu abrigo ni mi pecho tu refugio.
Que no te vas a quedar conmigo. Que no es a mi a quien prefieres.
Que me he aprendido en braille tus labios, tu respiración, tus huellas de los dedos por mi espalda porque se que no me voy a quedar, que no vas a optar por mi.
Que no es a mi a quien quieres.
Dices que jamás, que siempre que todo.
Digo que siempre, que nunca que nada.