miércoles, 26 de octubre de 2016

Dices que soy tu “alma gemela”. 
Que te encanta verme las costuras, que no habías encontrado antes a nadie con esas suturas tan como las mías. 
Que te aferras a mi perfume, que me lo robas, que me atracas la tristeza si hace falta. Eso dices. 
Que adoras mi tripa, que no dejarías que me fuera, que encajamos perfectos justo como cuando nuestras manos se entrelazan. 
Apolíneo.

Y yo casi me lo creo.

Que en mi hoyuelo quieres vivir, que morderme los sentimientos te gusta tanto como a mi el hielo y que honras cada uno de mis suspiros entre las sabanas. “Tus curvas, mi trampa” y yo, me lo creo. 
Que mis ojos te dicen todo cuando te miro y que todo cuanto temes es perderme y que salga de tu vida, que te encanto. 
Que me quieres. 
Que “que rico mi pelo”, que te enredas en mis rizos. Eso dices.

Y yo te digo que no, que te calles, que no sigas. 

No veneres mi existencia, no idolatres a esta hecatombe. Que me lo creo.
Ventura la mía por coincidir contigo y haber probado tu sinhueso pero que se que no, que ni mis brazos son tu abrigo ni mi pecho tu refugio. 
Que no te vas a quedar conmigo. Que no es a mi a quien prefieres.
Que me he aprendido en braille tus labios, tu respiración, tus huellas de los dedos por mi espalda porque se que no me voy a quedar, que no vas a optar por mi. 
Que no es a mi a quien quieres. 

Dices que jamás, que siempre que todo.

Digo que siempre, que nunca que nada.

sábado, 1 de octubre de 2016

“Es mucha mujer para mi.” 

Y se quedó en eso, en un casi principio con prematuro final catastrófico, infausto, desastroso, aciago; contentas las perdices de que no nos las comiésemos. Contento el resto de que la tragedia fuese real.

No me enamoré, por supuesto.

Ni si quiera cogimos aire para la carrerilla que ni yo, ni nadie se esperaba que tendríamos que hacer. Los 300 metros lisos sin descanso para una bocanada de oxigeno, ¿para llegar a donde? El desenlace de ningún comienzo, la apacible apatía de dos conocidos que no se conocen ya, que se miran de cerca y se llaman en silencio, que se temen próximos, que se refugian los miedos en los ojos del otro en la lejanía. Pero ya, ya nada tienen, ya no se tienen de ningún modo.

Mi vórtice no es fácil de controlar pero aquí estoy, ni yo me reconozco, tranquila, serena, sosegada, mansa. Sabía cual seria mi realidad. Sabía que lo bonito no estaba hecho para los despojos de mi alma. Sabía que los destellos de luz clara estarían en primera linea de meta, 300.000 kilómetros por segundos por delante; yo, Lobreguez, que voy a hacer ante eso. 

No, no es mucha mujer para ti, es la dosis exacta, la jeringa calibrada a tu medida. Pero, pero pero, hay peros de por medio.

No te enamoraste, por supuesto.

Estuvimos a kilometro 0, esperando avanzar, esperando algo y nada, teniendonos. El problema fue que yo insistía en apretar el acelerador hacia delante cuando tu lo hacías marcha atrás. Y ahí nos quedamos, o más bien, me quedé, estancada. Yo me canse del pedal y tu seguiste tu marcha atrás.

Ahora ya, nada. 
Ahora yo, nada. 


Ahora tu, ella.